Editorial

EDITORIAL MAYO: #OTRAIGLESIAESPOSIBLE

Fundacion Fe y Ciudadania

Hace un poco más de dos años, comenzamos a caminar como Fundación Fe y Ciudadanía, con la profunda certeza de que, como católicos, había desafíos presentes en la sociedad que nos exhortaban a alzar la voz. Comenzamos a unirnos con muchos otros jóvenes, y no tan jóvenes, que creemos que la forma de ser y hacer Iglesia no responde a los signos de los tiempos.

Así, con altos y bajos, luchamos contra voces dentro y fuera de nuestra comunidad eclesial, a quienes les parecía inadecuado – por decirlo menos – poner sobre la mesa el rostro de Jesucristo preocupado por lo que viven nuestros hermanos y hermanas discriminados por la pobreza, por la orientación sexual, identidad de género, origen étnico, por tantas otras categorías que hemos ido “aplicando” para diferenciarnos. Nos dimos cuenta que no éramos pocos. Nos dimos cuenta que la cúpula de la Iglesia Católica, cada vez iba perdiendo mayor legitimidad por las acciones y omisiones que vemos cotidianamente. Nos dimos cuenta que definitivamente queríamos construir otra figura de Iglesia, una cercana y coherente con la premisa de que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobretodo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (G.S. 1).

Creemos firmemente que, para ser verdaderos testigos de Jesucristo, y llevar la Buena Nueva a todos los pueblos (Cf. Mt 28, 19-25) sólo el verdadero testimonio del AMOR, será la clave (Cf. Jn 15, 35). Y es en ese fervor que hoy nos alegramos de un Nuevo Pentecostés para la Iglesia chilena, donde Francisco, reconociendo su error inicial y en un ejercicio de humildad, ha sido capaz de rectificar frente a los reiterados abusos de poder y abusos sexuales, que son parte de la forma de ejercer el ministerio para muchos de la jerarquía de nuestra comunidad. No ha sido un proceso fácil. Cuando pareciera que estamos dando pasos hacia adelante, retrocedemos nuevamente. Sin embargo, es un hito histórico, digno de analizar. La actitud del Papa no tiene precedentes y llama a mirar de manera cada vez más crítica cómo nos relacionamos: “Los problemas que hoy se viven dentro de la comunidad eclesial no se solucionan solamente abordando los casos concretos y reduciéndolos a remoción de personas; esto –y lo digo claramente- hay que hacerlo, pero no es suficiente, hay que ir más allá. Sería irresponsable de nuestra parte no ahondar en buscar las raíces y las estructuras que permitieron que estos acontecimientos concretos se sucedieran y perpetuasen” (Texto de reflexión para los obispos en su reunión con Francisco).

Nos hemos sentido avergonzados, dolidos, frustrados y, obviamente, irritados, por cada nuevo caso de abuso, por cada víctima que es desacreditada, por cada miembro de la Iglesia (sacerdote, religioso o laico) que asume su servicio desde una perspectiva de poder ilegítimo y, por sobretodo, lejos de toda enseñanza cristiana. Sin embargo, debemos sentirnos así. Nos debe hacer daño, porque somos parte del problema y podemos ser parte de la solución. La consigna de #OtraIglesiaEsPosible nos posiciona dentro de ella, paso a paso construyendo nuevas formas de servir; nuevas formas de relacionarnos con el clero; nuevas formas de conocer y aprender de Jesucristo, porque definitivamente las que tenemos no son las correctas.

No somos ilusos, hemos pasado por diferentes experiencias de vinculación con el clero que nos han mostrado el rostro de una Iglesia muy distinta a la que Jesucristo imprimió en las comunidades cristianas .Sabemos que este es un pequeño paso comparado con lo que se viene. La carta del Papa Francisco es una nueva esperanza, un reflejo de lo que llevamos diciendo hace años: ¡YA BASTA! Los cristianos queremos y debemos construir un Reino de paz y justicia.

Pero nada se concretará sin signos (actos) reales de cambio.

Desde la fe en Jesucristo, sabremos que después de la Muerte – y claramente los signos de los tiempos hablan de una Iglesia en profundo fallecimiento – sólo podemos esperar la Resurrección. Así vamos haciendo camino, con la vida por delante, una vida plena, una vida donde la Verdad es la única forma de liberarse de la esclavitud. La pregunta clave es ¿podremos reconstruir la Iglesia chilena?

Es cierto que estamos expectantes frente a la aceptación de las renuncias de episcopado. También estamos esperando por los nuevos nombramientos. Queremos sentirnos parte de una nueva forma de ser comunidad cristiana, de la mano de nuevos obispos para acompañar y sostener al pueblo. Pero, en cada uno de nosotros y nosotras debe haber un cambio de horizonte, debemos incorporar las palabras de Francisco y empoderarnos de nuestro rol laical: “Mesianismo, elitismos, clericalismos, son todos sinónimos de perversión en el ser eclesial”, y muchas veces hemos sido testigos silenciosos perpetuando relaciones de este tipo.

Asumirse como profetas, reyes y sacerdotes desde el bautismo (Cf. LG 31), invita a responsabilizarse por los actos y omisiones que cometemos. Por lo mismo, la invitación de este tiempo es a revelarse frente al ejercicio de un poder autoritario que no tiene nada que ver con Jesucristo; pero no podremos hacerlo sin comprometernos completamente con un rol participativo dentro de la Iglesia. Como se plantea en el Documento de Aparecida “Para cumplir su misión con responsabilidad personal, los laicos necesitan una sólida formación doctrinal, pastoral, espiritual y un adecuado acompañamiento para dar testimonio de Cristo y delos valores del Reino en el ámbito de la vida social, económica, política y cultural” (DA 212).

Como Fundación Fe y Ciudadanía, queremos ser fieles y coherentes a lo que creemos. Queremos ser un espacio para reflexionar a la luz de Jesucristo, ser testimonio de amor entre los más vulnerables, pero sobretodo, queremos seguir siendo voz disidente para que nunca más en Chile, se viva una fe sin Jesús. Y tú, ¿qué quieres hacer?…

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