Editorial

EDITORIAL ABRIL: Muerte y resurrección: cumplimiento de una promesa

Fundación Fe y Ciudadanía

Siendo la última semana de marzo, hemos vivido una nueva semana santa. Este año, con un énfasis especial en el hacer memoria. Hemos hecho memoria de cómo el amor es capaz de movilizar la historia: hace dos mil años con Cristo, quien se donó gratuitamente por cada un@ de nosotr@s; pero también recordamos que hace 33 años, un grupo de jóvenes se conmovían con el dolor de su pueblo, siendo injustamente asesinados por este motivo.

El cristianismo es esencialmente memoria. Si bien sostiene distintas tensiones y diferencias por todo el mundo, estos días vividos son el sostén indiscutible de nuestra fe, es la fuente y génesis que revolucionó la experiencia misma, tanto de los apóstoles como nuestra, ya que todos quienes hemos experimentado el encuentro con Cristo hemos hecho experiencia del misterio cristiano: solo un gran amor, representado en la entrega completa -esto es, soportar incluso la muerte-, es capaz de transformar la vida y el mundo entero. Es este acontecimiento el que renueva nuestra mirada y disposición a la vida cotidiana.

Hoy, luego de dos mil años, la acción de Cristo sigue siendo un quiebre para la lógica humana, para la búsqueda del éxito y el bienestar temporal. Hoy los mismos poderosos, que hace años lo crucificaron, siguen sin comprender el mensaje de esperanza que el amor de Dios dirige a todos y todas. ¡No es fácil acoger esto! No es sencillo comprender la contradicción que supone el “perder la vida, para encontrarla”, ya que el mundo hoy solo nos pide asegurar nuestras vidas, aislarnos y protegernos de la mejor forma posible.

Quienes hemos podido encontrarnos con Cristo, podemos dar fe de la conversión que ha significado para cada un@ el descubrir que somos amados infinitamente, desde que inicia nuestra existencia, ya que no nos acomoda estar en nuestra zona de confort, no nos acomodan las labores estériles y alejadas de la situación de mi herman@.

Hacer memoria de este sacrificio nos permite la conmoción de la realidad, nos permite vivir con dramatismo los dolores de nuestros tiempos, el sufrimiento de tantos y tantas que se encuentran en las veredas oscuras de la marginación… Lugares en los que a veces la impotencia y la tristeza puede vencer.

¡Pero no es así! esta conmoción debe acompañarse de una profunda esperanza, ya que Jesús resucitó, venció a la muerte y todos sus signos. En este gesto Dios nos confirma su potestad y el compromiso que instauró en el corazón humano: ser hombres y mujeres plen@s, que tengamos vida en abundancia, ya que nada ni nadie nos podrá separar del amor ni la dignidad que nos constituye como hij@s de Dios, dejándonos el Espíritu Santo (ES) como signo de esta alianza.

El ES es quien alienta nuestros compromisos, es quien nos envía al encuentro de compartir esta buena noticia en los espacios que los signos de muerte han querido dominar. Es este espíritu el que nos moviliza a servir a nuestros herman@s, nos da la fuerza para darnos y compartirnos sin medida, nos sostiene en ser testimonios de esta historia. Somos responsables de compartir esta buena noticia y luchar codo a codo por la construcción de un mundo más pleno, más abundante, más justo, más verdadero para todos y todas.

Francisca Martínez

Directorio Fundación Fe y Ciudadanía